Que me perdonen los cuerdos

Que me perdonen los cuerdos pero me quedo con la locura. Y no es que la locura sea un escape de la realidad que adormece los párpados para sentarme en una silla esperando que los vientos apunten a otro lugar, ni tampoco que la locura propague la ceguera de no querer comprensión ni razón alguna, y menos el estar sujeto a las comodidades de desconocer lo que sucede a cuestas con una máscara que muchos llamarían placentera. No, es todo lo contrario. Y aclaro que no soy loco, tampoco apoyo a los que se llaman locos en el pasatiempo de la moda, o de la onda, o con la excusa de verse bien, el sentido de pertenencia o la mirada aprobadora, la distinción de vestimenta, la rebeldía que no entiende el concepto de rebelarse y camina en amistad con su propio verdugo. No me creo loco, pero me quedo con la locura, con la locura de saber que las realidades son las verdades de cada entendimiento. Por lo tanto pararse en este mundo con una mente sana y no decir nada, o no hacer nada para cambiarlo… es una gran contradicción.

Que me perdonen los cuerdos pero me cuesta entenderlos. Y lo intento, pero la presión constante de la razón casi antológica de lo que sucede a diario me impide comprender, porque para los cuerdos de hoy, en este mundo sano, la locura queda afuera. Y cuando salimos a la calle miramos hacia los costados, hacia atrás y hacia adelante, y vemos que un papel significa más que un abrazo a tiempo, o que una sonrisa compartida. En el mundo de los cuerdos sucede esto. Y de a poco va perdiendo importancia el hecho de que un niño nos mire con los ojos brillosos cuando la tecnología está en el medio.  Porque de luces y luces el atardecer y la luna van perdiendo su encanto al compás de las fronteras que dividen el destino de sus habitantes. Unos tienen todo y otros nada. La soberbia propaga más soberbia y erróneamente llaman humildes a quienes supuestamente tienen poco. Dos comen y cien no. Los asesinados (directa e indirectamente) se justifican por alabanza divina y el perdón de los pecados arrodilla a los pensantes junto a la irónica sabiduría del libro-origen de lo alguien alguna vez nos dijo que somos, y seremos. Hay millones que hablan de tierras sin jamás pisar el barro. El legado manipulado del ser humano ante su proyección y su Poder le pasan por encima al poder la de imaginación y del sentir. No importa lo de adentro ni no se puede mostrar, dijo un cuerdo. Los sentimientos se convierten en boberías con temor a la demostración. El decir “te quiero” sonroja al orgullo que no es orgullo, y la austeridad de lo cotidiano se ve lastimada por los cachetazos de los que con mucho o poco ostentan. Los placeres se generan como manuales escritos a escondidas, y las decisiones esperan aprobación masiva. Las malas palabras y las discusiones frívolas tienen más repercusión que el arte, los inventos y los descubrimientos, y no el descubrimiento de un mundo habitado y posteriormente aniquilado por ordenanza de los dioses. La historia que se escribió con sangre olvidada. La palabra amor se transforma en un modelo a imitar desparramando conceptos equivocados y sin verdades verdaderas, pero con el amor no pueden.  Sin embargo al sentir le duele su existencia cuando el tener lo provoca y lo provoca sin argumentos en alianza con el progreso, que ni él entiende quién carajo es. Los humanos se dividen en dos, en tres, en cuatro, en cien o en mil, son amigos o traidores, y cada rasgo domina a otro, y el género sin ser una palabra dicha al azar siente el estigma de no poder contrarrestar a la nefasta herencia de los unos superiores a las otras. Las atrocidades son justificadas por la ignorancia. Las injusticias se convierten en cotidianas imágenes que ya no hacen ruido. Las bombas según el lugar en el que caen se escuchan diferente, y a los gritos de dolor los tapa la respuesta del egoísmo. Los grandes dominadores del mundo muestran su riqueza con aroma a explotación, y son aplaudidos por aquello que denominan “éxito”. La espiritualidad muta por la esperanza del negocio, y a la fe interior se la ningunea por las doctrinas. Los cuerdos hicieron de este mundo un lugar “habitable”, y los árboles se esconden en el bosque para no ser desterrados. Y de los animales… nos dijeron que no piensan.

Que me perdonen los cuerdos pero me quedo con la locura, con la locura de intentar cambiar las realidades que lastiman, con la locura de seguir las convicciones, las corazonadas, la coherencia entre la palabra y la acción, con el entender que los sentimientos no condicionan porque son compañeros. Me quedo con la locura de amar al mundo en el que vivimos sin aceptarlo como es, con la magia extraordinaria de dos miradas conectadas, y el saber quererse a uno para amar al otro. Me quedo con la caída que enseña, con el buen gusto por lo cotidiano, con las pequeñeces que sabemos gigantes, con el silencio cuando la palabra no hace falta, y con los sueños, los que traspasan la barrera de aparecer cuando los ojos se cierran y descansa el cuerpo. Me quedo con la locura del amor genuino, que moverá constelaciones sin que nos demos cuenta,  y que sabrá hablar cuando corresponda sin miedo a la respuesta posible. Me quedo con la verdad subjetiva sin hipocresía que la invada, y con las manos arrugadas del tiempo que ya no mira a los relojes. Me quedo con los hombres que dieron y dan su vida por la dignidad de los hermanos, y con los hermanos que se saludan sin siquiera conocerse. Me quedo con el abrazo, con la decisión de no esperar aplausos, con la lucha del día a día sin destinos individuales,  con la identidad de los caminantes, con las esencias de la buena madera, con el correr de los niños en la música de la alegría, con los sabios que escuchan más de lo que hablan, y con los que dudan y preguntan sin creerse ignorantes. Me quedo con cada cosa que en este mundo le escribe a la esperanza, con la libertad que se defiende en cada paso. Me quedo con el amor, que aunque en este mundo cuerdo no encaje demasiado, sigue firme a su sentido.

Y que me perdonen, pero me quedo con la locura.

Jorge Ezequiel Rodríguez

Libros: En la noche de dos lunas (cuentos – poesía / 2015), Rosas blancas (novela / 2015), Como un niño que sueña (poesía / 2016), publicados por Creando Maravillas Ediciones.

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