La culpa es el otro

Por Diego Rot

“El control de los poderosos se sustenta por tanto, en la construcción de un superyó severo que impide al sujeto el libre flujo de sus pulsiones. De esta forma, si el sujeto permite su flujo, el superyó lo signará culpable ya sea con una culpa superyóica por haber destruido algo en el medio social, o con una culpa subjetiva por haber destruido una posibilidad personal. La promesa de un mundo carente de agresión, persuade al sujeto a escindir una parte esencialmente constitutiva de él, su agresión. Con ello se niega la naturaleza dual de la psique y su expresión en la vida cotidiana. Se pretende, con ello, garantizar una vida social estable y sin embargo, se llega a lo contrario, pues la sociedad se manifiesta cada vez más esquizoide y caótica, pues una parte se comporta sumisa a las leyes de los dirigentes, con la esperanza de lograr la promesa de una vida feliz, ya sea en este mundo o en otro, mientras otra parte de la sociedad se posesiona de la ley y del ejercicio libre de la agresión y del sometimiento constituyéndose en el grupo de poder. Ejemplo de ello es la delincuencia organizada que como ya vislumbraba W. Benjamín, desde el siglo pasado se da como resultado del maridaje entre la mafia y el Estado. Paradójicamente, el mundo pacífico que se le ofreció al sujeto no agresor se desvanece” [… Eduardo Fuente de la Rocha, psicólogo de la U.A.M, México. “la culpa, una construcción social”.

Según el psicoanálisis el superyó es la internalización inconsciente de las normas socioculturales que se transmiten a través de los padres (o quienes ejerzan esa función) y que luego es reforzada por la cultura así un reto o llamada de atención de nuestros padres con el fin de socializarnos determina nuestra conciencia social a veces con una intensidad culpogena mayor que la de otros seres humanos pero eso depende de la rigurosidad de cada padre/madre ya que cada uno de ellos determina la ley. El superyó puede constituirse como una instancia subjetiva es decir propia y por otro lado social.

En este caso abordaremos desde lo coyuntural a este superyó social que ciertas instituciones producen para perpetuar el poder vigente, ya sea estatal, económico o simbólico alguna vez hegemonizado por la religión, hoy desde el mercado y los medios de comunicación.

Hablaremos del caso argentino. Últimamente en los medios de comunicación, otro productor superyó social, se estuvo escuchando ciertos imperativos con el fin de legitimar el displacer sobre el placer, al castigo sobre el deseo, a la culpa sobre el bienestar, etc.
Para poder aclarar sobre lo que estoy hablando voy a citar los siguientes ejemplos de algunos funcionarios y líderes de opinión de medios afines al gobierno:

“Le hicieron creer a un empleado medio que podía comprar celulares e irse al exterior” González Fraga;
“En este país nadie trabaja” Elisa Carrió.

Además podemos sumar los feriados puente se disuelven vía decreto, demasiada joda; la culpa del narcotráfico es de los inmigrantes Patricia BullRich, etc. ¡ah y me olvidaba!.. de notas de color vacacionales de nuevas formas de vacacionar “gasoleras”; otra castración. ¡Los increíbles consejos del ministro Aranguren para que ahorremos energía! son el punto máximo.
Es decir que todo este entramado de imperativos ratifica lo que alguna vez el filósofo e historiador, Michel Foucault sostenía sobre el superyó social, maquinaria disciplinadora y castigadora que altera las subjetividades de las sociedades.

Como buenos productores de culpa estos poderes se nutren de las sociedades de control ,de la que tanto hablo Gilles Deleuze , aquellas de nodos en forma de red , donde todo repercute por todos lados redes sociales , celulares , televisión , barrio , Doña Rosa , escuelas e instituciones X.

De esta manera construyen un nuevo chivo expiatorio a cada paso que quitan un derecho popular y no responsabilizándose como poder político de turno , recortando tareas estatales en cuanto a lo económico y social y tomando como única responsabilidad la seguridad y el monopolio de la violencia retomando aquellos estados de siglo XIX.

El inconsciente es como un lenguaje, sostenía Jacques Lacan, y estos neofascismos quieren apropiárselos nuevamente, generando más culpa a las sociedades y aquellos “otros” distintos, a los lejanos, a lo extraño. Casos que el psicoanálisis como terapia superyoica, intenta familiarizar para poder convivir o resignificar y reconstruir para nuevos lazos sociales, muy necesario en estos tiempos de neofascismos, neoliberalismos “ zen” y cristianismos de mercado.

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