NI UNA MENOS !

Por Jorge Rodríguez

Ni una menos
No lo digo, lo grito, porque escribir es mi forma de gritar, y atesorando los sentidos escribo en ese lugar que tal vez algún curioso quiera leer, porque de lo que duele uno se agota, y como no me gusta quedarme sentado esperando que el viento me dé la respuesta intento con mis modestas armas hacer algo para cambiar la realidad, porque no me conforma la palabra imposible y menos el ignorante concepto del “fracaso”.
Mi intención es dejar en palabras lo que siento, asumiendo mi manera de creer, batallando a lo que lastima, confirmando que los invisibles siguen girando en esta rueda triste, en este ciclo cansado de tanta hipocresía, con varones pintados, con valientes de cartón, con “machos” mal nacidos, con ojitos lagrimosos y bastante morados.
Grito en palabras Ni una menos, porque un día comprendí que el ser humano que no siente es preso en una jaula de barrotes perfumados, y el que ignora al dolor ajeno se transforma en cómplice de la comodidad, del silencio que asusta, de la penosa tradición de no meternos donde no nos llaman.
Ni una menos que no sea bandera sino realidad. Basta de la estigmatización que conjuga al más idiota de los machismos (aunque ya el machismo habla por sí solo), del patriarcado, del mandato sin sentido, de la voz en alto y de la fuerza queriendo ganar la batalla. Basta de apellidos con “De” que aplauden a la posesión, que insultan a los corazones, que subestiman al querer para darle pan a la sumisión. Basta de la violencia literal, la del golpe y la marca, y también de la verbal, la que lastima en soledad y en colectivo, la que aniquila a uno de los elementos que tenemos para ser libres: la dignidad.
Ni una menos les digo a los caraduras que hablan y luego toquetean disfrazando a la diversión, a los que acosan como un “chiste”, a los ignorantes que todavía siguen viendo a la mujer como un objeto, o que no se bancan cuando una mujer se les planta cara a cara y dice lo que siente sin esperar la aprobación de nadie, de nadie que son soberbia ridícula se crea superior. Basta de egocentrismos transparentes, de manos que no acarician, de ojos rojos que miran a un cielo celeste sin poder apreciarlo. Basta de señalar “putas” a aquellas que en su cuerpo pintan a la libertad, de amores y amoríos, de momentos y sorpresas. Basta de querer decir lo que se hace y cómo se hace con el dedo mirada al piso de no poder creer lo que está haciendo. Basta de caminar entre espinas de reiteradas escrituras, de los pecados corregidos, de las malas palabras justificadas por el amor, amor de los que no saben amar, de los que no saben sentir, de los que tienen poca vida pero respiran más de la cuenta. Basta de los cómplices y de los mercenarios, de tallados personajes defensores de la injusticia. Basta de que una pollera-corta excuse a la violación y los celos al asesinato.
Basta, señores de trajes negros y camisas blancas con sueros en las rodillas, con el pelo pintado de gomina, con barbas de la traición de su propia humanidad, con un pecho solitario donde sólo pasa el frío, y brazos sin sangre. Basta de decir “Y bueno…”, basta de callar a los momentos, de distraer a las verdades, de intentar matar a los pensantes. Basta de papeles archivados, o de las verdugas preguntas de “¿Qué hiciste para que reaccione así?” Basta de golpes y muertes, de violaciones y torturas. Basta.
Ni una menos para comprender el asunto, para pegar el portazo que necesitamos, para que ninguna mujer en ninguna parte del mundo sienta que está sola, que el mundo sigue girando en la misma posición, y que todo lo dicho sólo se escriba en palabras.
Gritamos “basta”, para que como hombres nos duela adentro por el pasado y por el presente, por el orgullo de los idiotas que se pisan los pies cuando caminan, por esos que nunca dudan, por los que “confirman” todo, por los que nunca entendieron ese libro que leyeron mil veces, por los que de violencia se comunican, por los asesinos sueltos, o los golpeadores que todavía siguen yendo al supermercado y abrazan a su hija o a una sobrina con mueca de buena gente. Por todos los que impiden el poder de la decisión.
Ni una menos en lo más alto de lo terrenal, en lo más profundo del sentir coherente, en donde el género solamente se transforme en palabra y el respeto se haga eco como siempre tuvo que ser. Ni una menos para que de una vez por todas la mujer sea libre de verdad y nosotros podamos decir que somos hombres sin sentir un frío interno.

Jorge Ezequiel Rodríguez
Ni una menos, del libro Como un niño que sueña (2016)

Libros: Rosas blancas (novela, 2015), En la noche de dos lunas (cuentos/poesía, 2015), Como un niño que sueña (poesía, 2016), publicados por Creando Maravillas Ediciones

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