No estamos todas

Por Agustina Victoriano

Foto: Paula Krewski / 1748 Noticias

Un femicidio por día. Un recorte de más de 67 millones de pesos al Consejo Nacional de las Mujeres. La primera dama como ícono de moda. El presidente justificando y reproduciendo el acoso callejero. La falta de políticas públicas para prevenir y erradicar la violencia contra las mujeres, los femicidios, las violaciones y la misoginia que cada día se acrecientan más en un país de un gobierno para pocos, donde las mujeres sólo caben como amas de casa y como objetos de consumo. El mundo sin pito es más complejo de lo que parece.

Hoy en cada rincón de la Argentina millones de mujeres gritamos NI UNA MENOS. Un nuevo 3 de junio, donde somos menos que el año pasado, pero también muchas más porque la co nciencia y la reflexión se acrecientan en cada provincia, y en cada ciudad, donde las redes de mujeres crecen y las organizaciones feministas se fortalecen.

En los últimos meses el caso de Micaela García y Araceli Funes, y de tantas otras a los que los medios de comunicación no les da lugar, sacudió a la sociedad donde se volvió a reinstalar una vez más la crueldad con la que los hombres nos matan. Es importante hacer énfasis y analizar por qué todos los días lamentamos las violaciones y asesinatos de nuestras hermanas. Y lo primero que nos preguntamos es: ¿estos tipos son enfermos? Los violadores nacen y viven en una sociedad donde las mujeres no valemos nada, es por ello que las violaciones y los femicidios no deben observarse como casos aislados y siempre debemos analizar el hecho social en general, y no cada caso particular. Rita Segado, antropóloga que trabajó con violadores en cárceles de Brasil, lo explica muy bien cuando dice: “Están castigando el desacato, creen que son disciplinadores. No buscan placer, son actos y crímenes de poder”.

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Foto: Paula Krewski / 1748 Noticias

Pero .. ¿cómo llegamos a qué todos los días nos entristezca un nuevo femicidio? El patriarcado no existe desde que el mundo es mundo, más  bien nace cuando nace el capitalismo y se genera la división del trabajo con roles claros: el hombre para la producción y la mujer para la reproducción. Una construcción cultural que genera un equilibrio en el sistema en el que vivimos y que nos indica qué características debe tener el género femenino: débil, emocional, servicial y objeto de consumo; y cómo deber ser el género masculino: fuerte, sujeto de derechos, racional y proveedor. El patriarcado no es otra cosa que una estructura de poder, donde las mujeres debemos acatar el rol que nos fue dado sin lugar a preguntarnos quienes queremos ser. Las mujeres criadas para ser sumisas a los hombres, y los hombres criados para decirnos a las mujeres qué debemos hacer y qué no.

El fútbol, la mecánica, los negocios, la política son culturalmente lugares que ocuparon los hombres; mientras que la enfermería, la docencia, el servicio doméstico y las labores de la casa, asignados a la mujer. Pero, ¿hay una inclinación natural en las mujeres por enseñar y en los varones por construir? ¿Nacen las bebas con una escoba bajo el brazo y los bebés con taladros?  ¿Por qué el trabajo doméstico no remunerado es “cosa de mujeres”? El mismo sistema que instaló el patriarcado, es el mismo que mediante el estado, la justicia y los medios de comunicación se encarga de que ni siquiera nos podamos preguntar estas cosas.

Pero el movimiento feminista en nuestro país ha tomado una enorme fuerza en estos últimos años. Conciencia, discusión, reflexión y organización que arranca bien de abajo para romper con las estructuras planteadas. Se trata de destruir la identidad, porque todo lo que sabemos hasta ahora es lo que formó el patriarcado. ¿Cómo ser mujer? Es una respuesta que no tendremos hasta que no seamos verdaderamente libres.

Las mujeres fuimos tomando lugares tanto en la política, como en las empresas y fuimos asumiendo que además de ser madres, podemos estudiar, trabajar y darnos nuestros momentos de ocios. La lucha es intensa y el camino es largo. Porque el machismo mata y el Estado es cómplice. La ley nacional 26.485 de “Protección integral para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres” no se cumple correctamente en nuestro país, porque el Estado actualmente en vez de protegernos recorta el presupuesto en las áreas de género. Hoy, para el gobierno, cada mujer vale 7 pesos, habiendo recortado más de 67 millones de pesos el presupuesto al Consejo Nacional de las Mujeres. Con la mayoría de sus funcionarios hombres, mostrando a la Primera Dama Juliana Awada como símbolo de moda y objeto de consumo, sin mujeres en los lugares de decisión y poder, y el presidente Mauricio Macri expresando que a todas las mujeres les “gustan los piropos, aunque les digan qué lindo culo tenes”.

Marchamos porque no estamos todas. Porque también nos faltan Milagro Sala, presa política de este gobierno oligarca, y también nos falta Higui, compañera presa desde octubre por intentar sobrevivir, cuando se defendió con un cuchillo y mató a uno de los diez hombres de la patota que la quiso violar por ser lesbiana.

Marchamos porque queremos que nos respeten, porque queremos igualdad de oportunidades y derechos, porque queremos estar en los lugares de decisión y queremos ser lo que nos propongamos ser sin límites ni prejuicios. Queremos ser libres. Hoy, desde cada lugar en el que estemos demos la discusión, repensemos todas nuestras prácticas. Y mujeres, sigamos organizándonos, encontrándonos, reflexionando, desnaturalizando. Porque un cambio individual tiene una escasa influencia en la cultura, pero un cambio en la cultura tiene un alto impacto en cada una de nosotras. El camino es largo, la lucha intensa, pero lo difícil sólo tarda un poco más..

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