Cambiemos conceptos

Por Jorge Ezequiel Rodríguez

Hay un término que molesta a los oídos de Cambiemos: Derechos Humanos. Una imagen que los perturba: los pañuelos blancos. Una frase que disparan y los pinta de cuerpo enteros: el Curro de los DDHH (o Negocio, para darle una “elegante” suavidad a la cuestión). Una realidad: su política. Pero Cambiemos “no tiene ideología”.

Porque así funcionan y así se muestran, con el maquillaje falsario en pos de la imagen, imagen que trabaja con la sonrisa de cámara a mirar y palabras guionadas para no levantar el barro que esconden sus pasos. Unidad, conciliación, tolerancia, respeto, son pilares del discurso propagandista pretendidos cuando sus intereses y sus comodidades no se tocan. Pero pretenden unidad con sus formas y pautas, intereses y modos. Conciliación y tolerancia para defender a los personajes más nefastos de la historia argentina, y devolver en gratitud a quien los colocó en el lugar donde el presente los saluda, y el pasado abraza. Piden respeto cuando les conviene. Tiran la piedra y según dónde y cómo cae la respuesta cambia. Fueron 7 mil, dijo uno y ante el repudio general quedó solo, ante las cámaras, ante los diarios, pero no en sus despachos. El respaldo lo tuvo, sí, pero con tremenda cautela. No sabemos cuántos fueron, no importa el número, dijeron otros con el escudo de la diplomacia. Y así intentan generar un debate cuando no hay debate, porque la Memoria, Verdad y Justicia es una sola. Intentan defender a los suyos, a los que le dieron lo que hoy tienen, pero no lo dicen. La mafia nombra la palabra mafia y el pez por la boca muere. Desvirtuar las luchas, ensuciar la historia, es la cuestión. Porque cuando la realidad habla por sí misma inventan conceptos para mancharla. Miente miente que algo quedará. Y se posan con cartelitos de Basta del curro de los DDHH o Los DDHH no tienen dueño. Provocan, lastiman, sonríen, devuelven gentilizas. Y sus patrones celebran al compás de unos cuantos genocidas que esperan su nuevo momento de impunidad. Y el 2 x 1 casi los acaricia, pero no, el pueblo responde. Los genocidas siguen presos, no tienen impunidad, pero ellos sí. Reclaman con ligereza de palabra la conciliación como se le pide a dos nenes de piñas en recreo frente a la directora. Hablan de libertades y las aniquilan, se toman el tupé de repudiar a “presos políticos” de Venezuela cuando Milagro Sala continúa entre rejas. Hablan de unidad de los argentinos cuando ellos mismos gobiernan para un sector, sector que siempre se ha diferenciado del resto y que jamás querrá estar cerca, pues el acomodo les guiña. “Ellos progresan, nosotros no”, la frase que suena cuando la igualdad puede llegar a aparecer, y los cabecitas negras obtienen derechos.  Ignoran a los nietos recuperados, ensucian sistemáticamente el rol de las Madres y Abuelas. Los presupuestos se congelan y se derivan a otras áreas. Les otorgan, a las fuerzas de seguridad, más poder, se refuerza el armamento del ejército, y se multiplican los desfiles de tanques, fusiles, botas, y caras de acero. Hablan de ideología como una mala palabra, cuando la decisión política que muestran a diario escribe en mayúscula cuál es su ideología. A no asustarse de esa palabra, la ideología es una virtud que escucha los sentimientos y los acompaña, una manera de pensar y de ver el mundo, no una forma nefasta de manejarse ante la realidad. Cambiemos es ideología, con las políticas que implementa, con el discurso, las decisiones, las formas, las conductas, los proyectos de ley, los vetos, la indiferencia, la imagen, incluso en el preciso instante de intentar manchar a ese concepto. Todo pensamiento es ideología.

Ya no hay actos oficiales en el Día de la Memoria, y por supuesto no sorprende. En el primer 24 de marzo llegó Obama y por la Plaza Cambiemos no caminó, en realidad jamás lo hizo, jamás. Y se atrevieron a decir que el Día de la Memoria debía pasarse al 10 de diciembre. Miremos hacia el futuro es el lema que los representa, y que escuda una forma sutil de querer decir que el genocidio no fue tal. En el segundo 24 Holanda fue el destino del presidente y unas palabras sueltas en redes sociales copiadas del prólogo del Nunca Más. Copiar, pegar, maquillar.

Para Cambiemos los pañuelos blancos molestan cada vez más, los 30.000 son una espina en el zapato, y el número exagerado. Los organismos de DDHH son un negocio que hay que desterrar, la Memoria un “congelado ideológico del gobierno Kirchnerista” (palabras de Avruj, secretario de DDHH del gobierno), la lucha popular una incitación a la violencia, la cárcel común a los genocidas una falta de diálogo, conciliación y tolerancia. Los nietos recuperados un espejismo, las Madres y Abuelas una provocación. Los partidos políticos un adoctrinamiento, los gobiernos populares el diablo en imagen y semejanza, la movilización una renta de choripán y Coca-Cola. La militancia fanatismo. Los Derechos Humanos poder transitar con el auto sin cortes de calles, viajar al exterior de vacaciones, comprar dólares, libertad de monopolios de expresión, y que el estado no intervenga en las comodidades de un sector social en el que acomodan su sillón todos los días. Pero  ellos no tienen ideología. Ninguno se hace cargo de lo que piensa. Ellos “no” son. Son sin decir que son. La imagen los escuda, los (sus) medios los acorazan, pero la decisión política del día a día los desnuda.

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